Localidades

Se supone que los judíos se instalaron en esta ciudad desde una época muy remota. Desde luego que ya hubo hebreos en tiempos romanos y luego, durante el régimen visigodo. Su época de mayor prosperidad coincidió durante el reinado de Abderramán (Abd el-Rahman) II, cuando las riendas del poder estaban de hecho en manos de Hasday Ibn Shaprut, el visir judío del califa. Es cierto que luego, con la invasión de los fanáticos almohades decayó la gravitación judía, pero cobró nuevos bríos al ser reconquistada por Fernando III. Poco después se proclamó un fuero que daba el mismo trato –por lo menos, en teoría- a cristianos, musulmanes y judíos. Este monarca filojudío también concedió su visto bueno para la construcción de otra sinagoga, no obstante la obstinada oposición del Cabildo, que llegó incluso a apelar ante el Papa en Roma para que no se concluyese la obra. Sencillamente, el obispo argumentaba que su altura ocasionaría "grave escándalo de los fieles cristianos". Pero ello era algo más que un simple detalle de medidas; constituía de hecho una confirmación de la gran importancia que tenía la aljama, a pesar de todos los intentos de la Iglesia de reducirla. Por haber sido la patria de Maimónides, el ayuntamiento ha erigido una estatua del famoso filósofo judío, en la llamada plaza Judá, no lejos de la antigua sinagoga, que tiene la gran ventaja que jamás fue convertida en templo cristiano. Sí fue hospital, cofradía de zapateros y finalmente en 1885 declarada Monumento Nacional, y ha sido restaurada en forma parcial. En un reportaje filmado hace una década, el ex Presidente de Israel, Itzhak Navón, nos muestra el patio típico de una casa del barrio viejo: las innumerables macetas con flores, afirma, le recuerdan el hogar paternal en la Ciudad Vieja de Jerusalén. En sus patios de aroma sefardí, las mujeres regaban y cuidaban las flores con la misma atención que las hebreas cordobesas habrían otorgado a sus florecientes tiestos colocados en el suelo, en los muros y hasta pendiendo del techo, en una profusión de aromas y colores. Entre sus calles constan las: Calle de los Judíos, Calle Judería, Calle de Maimónides, Calle de María la Judía, Plaza Judá Leví, Plaza Maimónides. Parece que la Judería estaba dentro de la medina, en lo que en la posterior época cristiana fue Collación de San Miguel, y cuya arteria principal o calle mayor, desembocaba en época cristiana en la Puerta del Osario, la cual recibía este nombre, por los cementerios que existían a lo largo del camino, que desde dicha puerta iban al norte de la ciudad. La puerta septentrional de la medina se la conocía como Bâb al-Yahûd, o Puerta de los Judíos, que con el paso del tiempo se convertiría en Bâb al-hudà (Puerta de la recta dirección), aunque también recibía los nombres de Bâb Liyûn (Puerta de León) y Bâb Talabîra (Puerta de Talavera). Uno de los tres arrabales de Córdoba, en el exterior del recinto amurallado de la medina, en la época califal tenía el nombre de Rabab Bâb al-Yahûd. Según James Dickie, al oriente de Bâb al-Yahûd, se encontraba el cementerio del barrio judío de Qûtah Râso.
Martes, 20 de octubre de 2020 -

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